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Ensayos de José Martí

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Mi raza, José Martí

  Mi raza, José Martí  José Martí Esa de racista está siendo una palabra confusa y hay que ponerla en claro. El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza o a otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos. El negro, por negro, no es inferior ni superior a ningún otro hombre; peca por redundante el blanco que dice: “Mi raza”; peca por redundante el negro que dice: “Mi raza”. Todo lo que divide a los hombres, todo lo que especifica, aparta o acorrala es un pecado contra la humanidad. ¿A qué blanco sensato le ocurre envanecerse de ser blanco, y qué piensan los negros del blanco que se envanece de serlo y cree que tiene derechos especiales por serlo? ¿Qué han de pensar los blancos del negro que se envanece de su color? Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza, de un pueblo naturalmente dividido, es dificultar la ventura pública y la individual, que están en el mayor acercamiento de los factores que han de vivir en común. Si s...

Letras de canciones por autor | Letras de acá y de allá

  Letras de canciones por autor  Joaquín Sabina  Óscar Chávez  Silvio Rodríguez  Más Poesía    |    Cuento    |    Ensayo   | Índice general de autores |    Inicio

Escribir ciencia ficción, Isaac Asimov

  Escribir ciencia ficción, Isaac Asimov  Isaac Asimov A menudo recibo una carta de algún joven afanoso, aspirante a escritor, que me pide algunas “sugerencias” sobre el arte de escribir ciencia ficción. Tengo la sensación de que estos jóvenes piensan que debe existir alguna fórmula mágica que los profesionales mantienen celosamente en secreto, pero que yo, como soy un tipo tan bueno, voy a revelar. Lo siento, pero no hay tal cosa, no hay fórmula mágica, ni trucos secretos, ni atajos escondidos. Lamento tener que decirle que es cosa de mucho trabajo durante largo tiempo. Si usted conoce algunas excepciones a esta regla, se trata precisamente de eso: de excepciones. De todas maneras, hay algunos principios generales que, según mi modo de ver, podrían ser útiles. Son éstos: Usted tiene que prepararse para una carrera de escritor exitoso de ciencia ficción de la misma manera que lo haría para cualquier otra profesión altamente especializada. Primeramente, tiene que aprender a usa...

Lista de autores de Ensayos (y textos de tipo ensayístico) | Letras de acá y de allá

  Ensayos | Letras de acá y de allá  Autores de quienes se han publicado ensayos o textos de tipo ensayístico en Letras de acá y de allá  _______________ Edgar Allan Poe,  Isaac Asimov, Escribir ciencia ficción   José Martí, Mi raza   Juan Rulfo, Una verdad aparente  Cuento | Poesía  | Índice General de Autores |  Inicio   _______________

El día del derrumbe, Juan Rulfo

  El día del derrumbe, cuento de Juan Rulfo  Juan Rulfo —Esto pasó en septiembre. No en el septiembre de este año sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado, Melitón? —No, fue el pasado. — Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón,¿no fue el veintiuno de septiembre el mero día del temblor? —Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho. —Tienes razón. Yo por esos días andaba en Tuzcacuexco. Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuvieran echas de melcocha; nomás se retorcían así, haciendo muecas y se venían las paredes enteras contra el suelo. Y la gente salía de los escombros toda aterrorizada corriendo derecho a la iglesia dando de gritos. Pero espérense. Oye, Melitón, se me hace como que en Tuzcacuexco no existe ninguna iglesia. ¿Tú no te acuerdas? —No la hay. Allí no quedan más que unas paredes cuarteadas que dicen fue la iglesia hace algo así como doscientos años; pero nadie se acuerda...

Anacleto Morones, Juan Rulfo

  Anacleto Morones, cuento de Juan Rulfo Juan Rulfo ¡Viejas, hijas del demonio! Las vi venir a todas juntas, en procesión. Vestidas de negro, sudando como mulas bajo el mero rayo del sol. Las vi desde lejos como si fuera una recua levantando polvo. Su cara ya ceniza de polvo. Negras todas ellas. Venían por el camino de Amula, cantando entre rezos, entre el calor, con sus negros escapularios grandotes y renegridos, sobre los que caía en goterones el sudor de su cara. Las vi llegar y me escondí. Sabía lo que andaban haciendo y a quién buscaban. Por eso me di prisa a esconderme hasta el fondo del corral, corriendo ya con los pantalones en la mano. Pero ellas entraron y dieron conmigo. Dijeron: “¡Ave María Purísima!” Yo estaba acuclillado en una piedra, sin hacer nada, solamente sentado allí con los pantalones caídos, para que ellas me vieran así y no se me arrimaran. Pero solo dijeron: “¡Ave María Purísima!” Y se fueron acercando más. ¡Viejas indinas 1 ! ¡Les debería dar vergüenza! Se...

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