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Mostrando entradas de junio 26, 2026

Acuérdate de Azerbaijan, Roberto Arlt

  Acuérdate de Azerbaijan Los dos mahometanos se detuvieron para dejar paso a la procesión budista. Con un paraguas abierto sobre su cabeza delante de un palanquín dorado, marchaba un devoto. Atrás, oscilante, avanzaba el cortejo de elefantes superando con sus budas dorados cargados en el lomo, la verde copa de las palmeras. El socio de Azerbaijan, el prudente Mahomet, dijo, mirando a un gendarme tamil detenido frente a una dama de Colombo, cuyo cochecito de bambú arrastraba un criado descalzo. -Que el Profeta confunda el entendimiento de estos infieles. -Para ellos el eterno pavimento de brasas del infierno -murmuró Azerbaijan con disgusto, pues una multitud de túnicas amarillentas llenaba la calle de tierra. Esta multitud mostraba la cabeza afeitada y casi todos se refrescaban moviendo grandes abanicos de redondez dentada. Azerbaijan con ojos de entendido, observaba los tipos humanos y descubría que en aquel rincón de Ceilán estaban representadas muchas de las razas del sur de la...

Cuentos de Roberto Arlt | Biblioteca Universal de Cuento

  Cuentos de Roberto Arlt  Accidentado paseo a Moka Acuérdate de Azerbaijan   Del que no se casa  Ejercicio de artillería  El cazador de orquídeas  El gato cocido  El hombre del turbante verde  El jorobadito  El traje del fantasma  Escritor fracasado   Extraordinaria historia de dos tuertos  Halid Majid el achicharrado   Historia del señor Jefries y Nassin el Egipcio  La aventura de Baba en Dimisch esh Sham   La cadena del ancla  La doble trampa mortal  La factoría de Farjalla Bill Alí  La luna roja  La ola de perfume verde  La pista de los dientes de oro  Las fieras  Los bandidos de Uad Djuari   Los cazadores de marfil  Los hombres fieras  Noche terrible  Odio desde la otra vida  Pequeños propietarios  Rahutia la bailarina  Un error judicial  Una tarde de domingo  Ven, mi ama Zobeida quiere hablarte  Cuento ...

Accidentado paseo a Moka, Roberto Artl

  Accidentado paseo a Moka, de Roberto Artl  Cuando el “Caballo Verde” salió del puerto de Santa Isabel, el noble anciano, apoyado de codos en la pasarela del paquete, cargado de negros hediondos y pirámides de bananas, me dijo al mismo tiempo que miraba entristecido cómo la isla de Fernando Poo empequeñecía a la distancia: -¡Cómo ha cambiado todo esto! ¡Cuánto! Y de qué modo! Clavé los ojos en el rostro del noble anciano, que en su juventud había sido un conspicuo bandido, y moví también la cabeza, como si participara de sus sentimientos. El viejo continuó: -Fue allá por el año 80. Entonces no existía el puerto que usted ha visto ni la catedral con sus dos torres de cemento, ni el hospital, ni la Escuela de Artes e Industrias, ni alumbrado eléctrico en la calle de Sacramento, ni negros en bicicleta. No. Nada de eso existía. Fijé la mirada en el lomo de una ballena que se sumergía y luego lanzaba un surtidor de agua al espacio, pero el viejo bandido no vio a la ballena. Su mir...

El gigante, Leónidas Andréiev

  El gigante, Leónidas Andréiev Ha venido el gigante, el gigante grande, grande. ¡Tan grande, tan grande! ¡Y tan bobo ese gigante! Tiene manazas enormes, con dedos muy gruesos, y pies tan enormes y gruesos como árboles. Muy gordos, muy gordos. ¡Ha venido y… se ha caldo! ¿Sabes? ¡Se cayó! ¡Tropezó con un peldaño y se cayó! Es tan bruto el gigante, tan bobo… De repente, va y se cayó. Abrió la bocaza… y se quedó en el suelo, bobo como un deshollinador. ¿A qué has venido, gigante? ¡Vete, vete, gigante! ¡Mi Pepín es tan dulce y gentil! ¡Se abraza tan cariñosamente a su mamá, contra el corazón de su mamaíta! ¡Es tan bueno y tan cariñoso! Sus ojos son tan dulces y tan claros, que todo el mundo le quiere. Tiene una naricita monísima y no hace tonterías. Antes corría, gritaba, montaba a caballo. Has de saber, gigante, que Pepín tenía un caballo, un lindo caballo grande, con su cola. Pepín monta a caballo y se va lejos, lejos, al bosque, al río. Y en el río, ¿no lo sabes, gigante?, hay pecec...

Cuentos de Leónidas Andréiev | Biblioteca Universal de Cuento

  Cuentos de Leónidas Andréiev  Ben Tovit El gigante El misterio El muro El silencio Ladrón Un hombre original Un sueño Cuento | Poesía | Ensayo | Letras de Canciones | Inicio     Leónidas Andréiev 

Ben Tovit, Leónidas Andréiev

  Ben Tovit  El día terrible en que se realizó la mayor injusticia del mundo, en que se crucificó en el Gólgota, entre dos bandidos, a Cristo, ese mismo día, el comerciante de Jerusalén Ben-Tovit tenía, desde por la mañana, un dolor horrible de muelas. Le había comenzado la víspera, al anochecer. Ben-Tovit experimentó en el lado derecho de la mandíbula, en la muela contigua a la del juicio, una sensación singular, como si se le hubiera elevado un poco sobre las otras; cuando la rozaba con la lengua, sentía un ligero dolor. Pero después de comer, la molestia pasó, Ben-Tovit la olvidó y acabó de tranquilizarse con el cambio de su viejo asno por otro joven y vigoroso, negocio que le puso de buen humor. Durmió con un sueño profundo; pero, al amanecer, algo vino a turbar su sueño. Se diría que alguien llamaba a Ben-Tovit para algún grave asunto. No pudiendo ya resistir aquella inquietud, se despertó y se dio cuenta al punto de que tenía dolor de muelas. Entonces era un dolor franco...

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