Aquí se respira bien, cuento de Mario Benedetti Mario Benedetti —¿Nos sentamos en este? —pregunta el Viejo. —Mejor aquél. Tiene más sombra. Por más que nadie intenta arrebatárselo, Gustavo se cree obligado a correr para asegurarse el usufructo del banco. El padre llega después, sin apuro, con el saco en el brazo. —Se respira bien en este rinconcito—dice, y para demonstrarlo resopla ostensiblemente. Luego se acomoda, saca la tabaquera y arma un cigarrillo entre las piernas abiertas. A las diez de la mañana de un miércoles, el Prado está tranquilo. Tranquilo y desierto. Hay momentos tan calmos que el ruido más cercano es el galope metálico de un tranvía de Millán. Luego un viento cordial hace cabecear dos pinos gemelos y arrastra algunas hojas sobre el césped soleado. Nada más. —¿Cuándo empezás a trabajar? —Mañana. El padre humedece la hojilla y sonríe para sí mismo, distraído. —Si estuvieras siempre en casa… como estos días… —¿Te gustaría estar con el Viejo, eh? Gustavo reco...
Literatura de todas partes