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Cuentos de Juan Carlos Onetti | Cuentistas latinoamericanos

 Cuentos de Juan Carlos Onetti  Bichicome   Bienvnido, Bob   Convalecencia   El cerdito   El obstáculo     Cuento | Poesía | Ensayo | Letras de Canciones | Inicio    Información biográfica del autor en Wikipedia:  Juan Carlos Onetti.  Brevísima biografía de Juan Carlos Onetti en el Instituto Cervantes .

Poemas de Aníbal Núñez

  Poemas de Aníbal Núñez  2.000 light years from home AA. en una esquina Amiga te contemplo mientras suena Ángel en tres lugares Aquella música que nunca... Bien que te gustaría confiésalo lanzarte... El oráculo Encuentros Epitafio para la foto del baile Flechazo místico de Colt Fumando espero al hombre que yo quiero Gormaz a sangre y fuego He metido las manos en el fuego... Hermosas ninfas que en el río metidas... ( ...echad la llave no salgáis ya más a la ondulada piel de ) Inutilidad del poeta didáctico Los deseos de Pilar Madrigal Morir soñando, sí, mas si se sueña... Mudanza Nacimiento de Venus Nada queda de nuestro palomar blanco... No solamente en Broadway Oh, náyade, nereida, ninfa, sirena, tía... Paradisaea papua Pebetero Perfume de las rosas Rima She's a rainbow Síntomas de vejez Sólo el rayo no hiere a las ortigas... Soneto acróstico con figuras de insistencia... Soneto grisáceo Todo fue sobre ruedas una mutua... Tríptico de la tristeza, de la melancolía y de ...

Amor de tarde, Mario Benedetti

Mario Benedetti Amor de tarde  Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cuatro y acabo la planilla y pienso diez minutos y estiro las piernas como todas las tardes y hago así con los hombros para aflojar la espalda y me doblo los dedos y les saco mentiras. Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cinco y soy una manija que calcula intereses o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas o un oído que escucha como ladra el teléfono o un tipo que hace números y les saca verdades. Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las seis. Podrías acercarte de sorpresa y decirme «¿Qué tal?» y quedaríamos yo con la mancha roja de tus labios tú con el tizne azul de mi carbónico.  Mario Benedetti Más textos de Benedetti   |   Cuento    |   Poesía    |   Inicio

¡Diles que no me maten!, Juan Rulfo | Cuento

¡Diles que no me maten!  Juan Rulfo -¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad. -No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti. -Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios. -No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá. -Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues. -No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño. -Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles. Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo: -No. Y siguió sacudiendo la cabeza durante mucho rato. Justino se levantó de la pila de piedras en que estaba sentado y caminó hasta la puerta del corral. Luego se dio vuelta para decir: -Voy, pu...

Puedo escribir los versos más tristes esta noche, Pablo Neruda (Poema 20) | Poesía

  Pablo Neruda 20 PUEDO escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos". El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear...

La jirafa, Juan José Arreola | Cuento

Juan José Arreola La jirafa Al darse cuenta de que había puesto demasiado altos los frutos de un árbol predilecto, Dios no tuvo más remedio que alargar el cuello de la jirafa. Cuadrúpedos de cabeza volátil, las jirafas quisieron ir por encima de su realidad corporal y entraron resueltamente al reino de las desproporciones. Hubo que resolver para ellas algunos problemas biológicos que más parecen de ingeniería y de mecánica: un circuito nervioso de doce metros de largo; una sangre que se eleva contra la ley de la gravedad mediante un corazón que funciona como bomba de pozo profundo; y todavía, a estas alturas, una lengua eyéctil que va más arriba, sobrepasando con veinte centímetros el alcance de los belfos para roer los pimpollos como una lima de acero. Con todos sus derroches de técnica, que complican extraordinariamente su galope y sus amores, la jirafa representa mejor que nadie los devaneos del espíritu: busca en las alturas lo que otros encuentran al ras del suelo. Pero como final...

El cerdito, Juan Carlos Onetti | Cuento

  EL CERDITO (Cuento) Juan Carlos Onetti (Uruguay, 1909-1994) La señora estaba siempre vestida de negro y arrastraba sonriente el reumatismo del dormitorio a la sala. Otras habitaciones no había; pero sí una ventana que daba a un pequeño jardín pardusco. Miró el reloj que le colgaba del pecho y pensó que faltaba más de una hora para que llegaran los niños. No eran suyos. A veces dos, a veces tres que llegaban desde las casas en ruinas, más allá de la placita, atravesando el puente de madera sobre la zanja seca ahora, enfurecida de agua en los temporales de invierno.  Aunque los niños empezaran a ir a la escuela, siempre lograban escapar de sus casas o de las aulas a la hora de pereza y calma de la siesta. Todos, los dos o tres; eran sucios, hambrientos y físicamente muy distintos. Pero la anciana siempre lograba reconocer en ellos algún rasgo del nieto perdido; a veces a Juan le correspondían los ojos o la franqueza de ojos y sonrisa; otras, ella los descubría en Emilio o Guid...

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