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"¡Ah de la vida!...", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde? ¡Aquí de los antaños que he vivido! La Fortuna mis tiempos ha mordido; las Horas mi locura las esconde. ¡Que sin poder saber cómo ni a dónde la salud y la edad se hayan huido! Falta la vida, asiste lo vivido, y no hay calamidad que no me ronde. Ayer se fue; mañana no ha llegado; hoy se está yendo sin parar un punto: soy un fue, y un será, y un es cansado. En el hoy y mañana y ayer, junto pañales y mortaja, y he quedado presentes sucesiones de difunto. ___________________________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Fanccisco de Quevedo. Soneto.

" Adán en Paraíso, vos en huerto", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo Adán en Paraíso, vos en huerto,  él puesto en honra, vos en agonía,  él duerme, y vela mal su compañía,  la vuestra duerme, vos oráis despierto. Él cometió el primero desconcierto,  vos concertaste nuestro primer día,  cáliz bebéis, que vuestro Padre envía,  él come inobediencia, y vive muerto. El sudor de su rostro le sustenta,  el del vuestro mantiene nuestra gloria,  suya la culpa fue, vuestra la afrenta. Él dejó error, y vos dejáis memoria,  aquel fue engaño ciego, y esta venta.  ¡Cuán diferente nos dejáis la historia! ____________________________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A una nariz", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado. Era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado. Érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egipto, las doce Tribus de narices era. Érase un naricísimo infinito, muchísimo nariz, nariz tan fiera que en la cara de Anás fuera delito. ____________________________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A todas partes que me vuelvo, veo ..." Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo A todas partes que me vuelvo, veo  las amenazas de la llama ardiente,  y en cualquiera lugar tengo presente  tormento esquivo y burlador deseo. La vida es mi prisión, y no lo creo;  y al son del hierro, que perpetuamente  pesado arrastro, y humedezco ausente,  dentro mí proprio, pruebo a ser Orfeo. Hay en mi corazón furias y penas,  en él es el amor fuego, y tirano,  y yo padezco en mí la culpa mía. ¡Oh dueño sin piedad, que tal ordenas!  Pues del castigo de enemiga mano  no es precio, ni rescate la armonía. _________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A Lísida, pidiéndole unas flores que tenía en la mano", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo Ya que huyes de mí, Lísida hermosa, imita las costumbres de esta fuente, que huye de la orilla eternamente, y siempre la fecunda generosa. Huye de mí cortés y desdeñosa, sígate de mis ojos la corriente, y, aunque de paso, tanto fuego ardiente merézcate una hierba y una rosa. Pues mi pena ocasionas, pues te ríes del congojoso llanto que derramo en sacrificio al claustro de rubíes, perdona lo que soy por lo que amo, y cuando desdeñosa te desvíes, llévate allá la voz con que te llamo. _________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A Aminta, que imite al sol al dejarle consuelo cuando se ausenta", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo Pues eres sol, aprende a ser ausente del sol, que aprende en ti luz y alegría; ¿no viste ayer el día agonizar el día y apagar en el mar el oro ardiente? Luego se ennegreció, mustio y doliente, el aire adormecido en sombra fría; luego la noche en cuanta luz ardía, tantos consuelos encendió al Oriente. Naces, Aminta, a Silvio del ocaso en que me dejas sepultado y ciego; sígote oscuro con dudoso paso. Concédele a mi noche y a mi ruego, del fuego de tu sol, en que me abraso, estrellas, desperdicios de tu fuego. _________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A Gloria", Salvador Díaz Mirón

Salvador Díaz Mirón No intentes convencerme de torpeza con los delirios de tu mente loca: mi razón es al par luz y firmeza, firmeza y luz como el cristal de roca. Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira el suelo; no viendo más que sombra en el camino, sólo contempla el esplendor del cielo. Vanas son las imágenes que entraña tu espíritu infantil, santuario oscuro. Tu numen, como el oro en la montaña, es virginal y, por lo mismo, impuro. A través de este vórtice que crispa, y ávido de brillar, vuelo o me arrastro, oruga enamorada de una chispa o águila seducida por un astro. Inútil es que con tenaz murmullo exageres el lance en que me enredo: yo soy altivo, y el que alienta orgullo lleva un broquel impenetrable al miedo. Fiando en el instinto que me empuja, desprecio los peligros que señalas. «El ave canta aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas». Erguido bajo el golpe en la porfía, ...

"A las máscaras", Leopoldo Lugones

Leopoldo Lugones     A LAS MÁSCARAS                   I Máscara rosa o crema; De una ilusión en pos, Que frustra una suprema Gota de Últimoadiós. Máscara en verde o rojo: Losanges de Arlequín, En que muequea un cojo Con aflictivo esplín. Máscara negra, en piélago De furtivo crespón, Cual tangente murciélago De un biombo del Japón. Angelicales tules En capota «ideal». Mascaritas azules De alma sentimental. Máscaras blancas, únicas Joyas del dominó. Bajo lunares túnicas O chaponas Watteau.                   II Mimos de terciopelo, Burlas del antifaz, Labios de caramelo Medianamente audaz. Pobres Pierrots sin luna. Que en erótico albur. Desdeñan la fortuna Papando un bol de azur. Colombinas en crisis Bajo turbio farol, Asoleando sus tisis Con barato arrebol. Beso que en fútil salsa Condimenta el desliz. Precio de perla fal...

"A la luna de verano", Leopoldo Lugones

Leopoldo Lugones Son de tu clientela, El can necio y fiel, Y la damisela Con su damisel. Deplora un falsete Tu fiasco de actriz En el clarinete De un mozo infeliz. Tu gran cero ha inscrito En su proverbial Cabeza, el chorlito, Con luz natural; Guarismo enigmático Que en fiel comprensión, El asno lunático Pone a su ilusión. Una miss  coqueta Quisiera volar En su bicicleta Con tu rueda impar. Bandeja del ogro Que al pobre bebé, En pérfido logro Va a comerle un pie. Flor de jettatura, Carantoña vil, Tu antigua flacura Tiene un aire hostil. Sobre la muralla Te canto mi amor. Dame tu pantalla Luna, ¡qué calor! _________________________________________ Género literario: Poesía País: Argentina

"Melancolía", Leopoldo Lugones

Leopoldo Lugones A la hora en que a la tarde le aparecen ojeras, Cuando aquieto mis pasos por las tristes riveras Donde entre brumas lilas esfúmanse las naves, Y afligen como adioses los vuelos de las aves, Que afrontan lejanías hondas como la muerte; Cuando el sol moribundo sangre pálida vierte En la imperial fatiga de su grandeza inútil; Cuando el amor es necio; cuando la gloria es fútil; Cuando la misma pena, por el cansancio trunca, Conoce el desconsuelo de no revivir nunca; Cuando en el pecho amagan incurables dolencias; Cuando en el alma hay naves que preceden ausencias: Lo que en ambos fue dicha reza en mí una plegaria. Vístese de heliótropo la tarde solitaria; Los pensativos sauces despídense del día Con un desasosiego tal, que se creería Hallar bajo cada uno de los sauces aquellos, Una huérfana pálida de lánguidos cabellos. Algo tuvo que gime flota en el oleaje Taciturno, y agrava la inquietud del paisaje. Y estoy tan triste, tanto, que ni ll...

"Las ciudades", Leopoldo Lugones

Leopoldo Lugones A Buenos Aires Primogénita ilustre del Plata, En solar apertura hacia el Este. Donde atado a tu cinta celeste Va el gran río color de león; Bella sangre de prósperas razas Esclarece tu altivo salvaje Pinta su nombre sazón. Arca fuerte de nuestra esperanza. Fuste insigne de nuestro derecho. Como el bronce leal sobre el pecho Asegura al país tu honra fiel. La genial Libertad, en tu cielo Fino manto a la patria blasona, Y eres tú quien le porta en corona El decoro natal del laurel. En tu frente, magnífica torre De la estirpe, tranquila campea corno amable paloma la idea De ser grata a los hombres de paz... esperanza la impulsa y, parece Cuando así su remonte acaudalas. Que de cielo le empluma las alas Aquel soplo pujante y audaz. Joya humana del mundo dichoso Que te exalta a su bien venidero. Como el alba anticipa al lucero Aun dormida en su pálido tul, Cada vez que otro día dorado Te aproxima a la nueva ventura. Se diría que ...

"Cuando la vio pasar el pobre mozo" (Abrojos XVII), Rubén Darío

Rubén Darío ABROJOS - XVII Cuando la vio pasar el pobre mozo  y oyó que le dijeron: ¡Es tu amada!...              lanzó una carcajada,  pidió una copa y se bajó el embozo.  ¡Que improvise el poeta!                          Y habló luego  del amor, del placer, de su destino...  Y al aplaudirle la embriagada tropa,  se le rodó una lágrima de fuego,  que fue a caer al vaso cristalino.  Después, tomó su copa  ¡y se bebió la lágrima y el vino!  Rubén Darío Más poemas de Rubén Darío Más Poesía    |    Cuento    |    Letras de canciones    |    Inicio

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